Hoy quise girar, dar vueltas y vueltas hasta perder la noción del mundo en el que vivimos. Desequilibrar esa balanza cabeza-corazón... Y tambalearme sin caer rendida, tomar aliento para volver a girar con los brazos extendidos y teniendo presente, como única preocupación, el hecho de no tropezar con mis propios pies.
Hoy quise perder el rumbo, no saber si el norte se encuentra en el sureste de mí misma, sin saber si volveré a encontrar una brújula para perderme de vuelta.
Y ahora sólo veo líneas, me siento como cuando giraba y giraba de pequeña imaginando ser una princesa en la pista de baile de palacio con la intención de que mi vestido volara conmigo.
Hoy he vuelto a sentirlo, busqué en el baúl de dentro del alma esas viejas emociones... Hoy volví a girar... Ver la realidad a velocidad de vértigo, sentir esa adrenalina en el pecho, y la necesidad de no parar de girar...
Y así hice...giré y giré... Hasta que tropecé tontamente y caí al suelo con asombrosa suavidad... y entonces no pude parar de reírme yo sola, cómo una niña...
A veces, la mejor solución es girar con los brazos extendidos.